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title: La suposición oculta detrás de la pregunta: «¿Cómo puedo acercarme a Dios?»
description: La pregunta misma revela una lucha que muchas personas nunca llegan a reconocer. Explorarla nos permite comprender más profundamente la aceptación y la sanidad.
author: Alvin Ellefson
site: Aprende Sabiduría Bíblica
language: es
category: Fe y Confianza en Dios
tags: 
  - Conflicto interior
  - Depender de la fortaleza de Dios
  - Crecimiento espiritual
  - Confiar en Dios
published: 2026-09-23
canonical: https://www.aprendesabiduriabiblica.com/leer/como-acercarme-a-dios/
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# La suposición oculta detrás de la pregunta: «¿Cómo puedo acercarme a Dios?»

Es curioso c&oacute;mo act&uacute;a la verg&uuml;enza. Cuanto m&aacute;s necesitas ayuda, m&aacute;s te convence de esconderte. Y cuanto m&aacute;s consciente eres de lo que no est&aacute; bien en tu interior, m&aacute;s dif&iacute;cil parece acercarte a Aquel que esperas que pueda restaurarlo.

El temor m&aacute;s profundo no es simplemente reconocer que tienes defectos, sino creer que esos defectos han hecho que ya no puedas acercarte a Dios. La verg&uuml;enza tiene una manera particular de convertir la debilidad en distancia. Te susurra que tus fracasos han cambiado la forma en que Dios te ve, que tus luchas te han dejado fuera del alcance de su acogida. En lugar de ver tu necesidad como una raz&oacute;n para acercarte, comienzas a verla como un motivo para mantenerte lejos. Lo que empieza como conciencia de aquello que est&aacute; mal poco a poco se convierte en la convicci&oacute;n de que debes cargar con ello a solas.
Esto genera un doloroso conflicto interior. Sabes que necesitas ayuda, pero la verg&uuml;enza te convence de que buscarla es precisamente algo que ya no tienes derecho a hacer. Cuanto m&aacute;s consciente eres de tus limitaciones, m&aacute;s inc&oacute;modo te sientes ante la presencia de Dios. En lugar de acercarte a &Eacute;l con sinceridad, sientes que primero debes mejorar, primero debes vencer tus luchas o, de alguna manera, volverte m&aacute;s aceptable. Sin embargo, aquello que intentas corregir por tu cuenta suele ser precisamente aquello que menos puedes sanar por ti mismo.
Lo que realmente est&aacute; en juego no es solo si lograr&aacute;s superar una lucha determinada, sino si crees que la invitaci&oacute;n de Dios sigue siendo para ti aun en medio de ella. La verg&uuml;enza presenta tu necesidad como una prueba de que deber&iacute;as mantenerte lejos, cuando en realidad esa necesidad es precisamente la raz&oacute;n para acercarte. Mientras creas que primero debes ganarte la aceptaci&oacute;n para poder recibir ayuda, permanecer&aacute;s atrapado en un ciclo que te mantiene lejos de la misericordia que tanto necesitas.

## Scripture

> Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento. 
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> - Marcos 2:17 (RVR1909)

La comparaci&oacute;n que Jes&uacute;s hace con un m&eacute;dico da un giro profundo a la manera en que muchas personas entienden a Dios. El consultorio de un m&eacute;dico es uno de los pocos lugares donde la necesidad no es un impedimento para ser recibido, sino precisamente la raz&oacute;n por la que se te recibe. Nadie espera estar completamente sano antes de buscar tratamiento. Es su condici&oacute;n la que hace necesario acudir al m&eacute;dico. Cuando Jes&uacute;s se describe de esta manera, revela algo esencial acerca del coraz&oacute;n de Dios. Nuestra condici&oacute;n quebrantada no lo sorprende ni hace que retire su invitaci&oacute;n. &Eacute;l se acerca a quienes reconocen su necesidad, porque ayudar a quienes lo necesitan es precisamente una de las razones por las que vino.
Esto deja al descubierto una confusi&oacute;n muy com&uacute;n acerca de c&oacute;mo acercarnos a Dios. Muchos suponen que ser dignos es lo que abre la puerta y que la misericordia est&aacute; reservada para quienes ya han avanzado considerablemente. Sin embargo, Jes&uacute;s se&ntilde;ala en la direcci&oacute;n opuesta. Al decir que vino por los pecadores, deja claro que reconocer nuestra necesidad no nos descalifica, sino que es un paso necesario para recibir la gracia. La cuesti&oacute;n no es si una persona tiene luchas, fracasos o debilidades. La cuesti&oacute;n es si est&aacute; dispuesta a sacar esas realidades a la luz en lugar de esconderlas detr&aacute;s de una apariencia de autosuficiencia.
Visto desde esta perspectiva, el mensaje de la verg&uuml;enza queda al descubierto como lo que realmente es: una distorsi&oacute;n de la verdad. La verg&uuml;enza dice: &laquo;Vuelve cuando est&eacute;s mejor&raquo;. Jes&uacute;s dice: &laquo;Ven porque necesitas ayuda&raquo;. La verg&uuml;enza convierte la debilidad en una puerta cerrada; Jes&uacute;s la presenta como la raz&oacute;n misma por la que extiende su invitaci&oacute;n. El evangelio no comienza con personas demostrando que son dignas de recibir la atenci&oacute;n de Dios. Comienza con Dios recibiendo a quienes reconocen que no pueden sanarse a s&iacute; mismos y ofreci&eacute;ndoles una misericordia que jam&aacute;s podr&iacute;an producir por sus propios medios.

Creer que debes sanarte a ti mismo antes de acercarte a Dios te mantiene lejos de la sanidad que estás buscando. No es tu propio mérito, sino reconocer sinceramente tu necesidad, lo que te permite entrar por la puerta de la misericordia de Dios.

La imagen del m&eacute;dico te invita a reconsiderar qu&eacute; hace que una persona pueda acudir a Dios en busca de ayuda. Tu necesidad no es un obst&aacute;culo para que &Eacute;l te reciba; es la raz&oacute;n por la que su acogida existe. Cuando comprendes esto, aquellos momentos que antes te produc&iacute;an verg&uuml;enza comienzan a adquirir un significado diferente. En lugar de preguntarte c&oacute;mo ocultar tu debilidad, empiezas a estar m&aacute;s dispuesto a reconocerla con sinceridad. La energ&iacute;a que antes dedicabas a intentar parecer m&aacute;s fuerte de lo que eres puede dirigirse ahora hacia la confianza.
Incluso las luchas que contin&uacute;an presentes ya no tienen por qu&eacute; convencerte de que la invitaci&oacute;n de Dios ha caducado. Su disposici&oacute;n a encontrarse contigo no depende de cu&aacute;nto hayas avanzado, sino de su misericordia hacia quienes reconocen que la necesitan. Comprender esto abre un espacio donde la sinceridad, la humildad y la esperanza pueden coexistir.
La verg&uuml;enza suele alterar la manera en que una persona interpreta el silencio de Dios, su correcci&oacute;n e incluso su presencia. Lo que comienza como conciencia de una debilidad puede convertirse poco a poco en la creencia de que ya no eres bienvenido. Muchas personas cargan con esa convicci&oacute;n sin darse cuenta de cu&aacute;nto influye en su relaci&oacute;n con Dios. Cuando piensas en las &aacute;reas de tu vida que parecen m&aacute;s dif&iacute;ciles o que a&uacute;n no se han resuelto, &iquest;las ves como razones para evitar a Dios o como razones para buscarlo? La respuesta puede revelar qu&eacute; voz has estado escuchando con mayor atenci&oacute;n.
Lo que la verg&uuml;enza presenta como una raz&oacute;n para alejarte puede ser, en realidad, una invitaci&oacute;n a acercarte. Aquello que m&aacute;s te hace sentir indigno suele ser precisamente el lugar donde la misericordia adquiere un significado m&aacute;s profundo. No tienes que mantenerte a distancia hasta que hayas logrado arreglarte por tu cuenta. Dios recibe a las personas precisamente all&iacute; donde descubren que no pueden hacerlo solas.
