Practicar
Cuando sentirte preparado se convierte en el obstáculo
Llega un momento en que lo más difícil de sanar no es enfrentar lo que está mal dentro de nosotros. Es creer que podemos llevar todo eso ante la presencia de alguien que ya lo ve. Esa tensión revela más de lo que imaginamos.
¿Alguna vez has notado lo fácil que resulta creer que Dios ve cada uno de tus defectos y, al mismo tiempo, lo difícil que es creer que aun así quiere tenerte cerca? La vergüenza rara vez dedica sus esfuerzos a discutir lo que hiciste. Más bien, te convence silenciosamente de que, por haberlo hecho, ya no tienes lugar en la presencia de Dios.
La sabiduría de hoy
Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.Marcos 2:17 (RVR1909)
El temor de acercarte a Dios cuando te sientes impuro puede parecer humildad, pero detrás de él puede esconderse una idea equivocada mucho más profunda.
Muchos suponemos que la disposición de Dios para recibirnos aumenta o disminuye según nuestra condición. Cuando las cosas van bien, nos acercamos. Cuando estamos luchando, nos alejamos. Cuando fallamos, nos retiramos hasta sentir que hemos mejorado lo suficiente como para regresar.
Pero Jesús se describe a sí mismo de otra manera.
Cuando habla de un médico, deja al descubierto algo que la vergüenza se esfuerza por ocultar. El valor de un médico no se demuestra con personas sanas, sino con personas enfermas dispuestas a acudir a él.
Lo mismo sucede espiritualmente.
Nuestro mayor obstáculo muchas veces no son nuestros defectos en sí, sino lo que creemos que esos defectos significan. La vergüenza interpreta el fracaso como distancia. Supone que la actitud de Dios hacia nosotros ha cambiado porque nuestra condición ha cambiado. «Arréglate primero y después acércate», nos dice.
Jesús dice lo contrario.
«Acércate precisamente porque necesitas ser sanado».
Esa diferencia lo cambia todo.
El objetivo nunca fue llegar a ser lo suficientemente dignos como para entrar en la presencia de Dios. El objetivo era descubrir que su presencia es precisamente el lugar donde quienes no son dignos encuentran restauración. Lo que muchas veces experimentamos como distancia espiritual puede ser, en realidad, nuestra dificultad para creer que su disposición a recibirnos es mayor que nuestro fracaso.
Un principio
La barrera más profunda entre nosotros y Dios muchas veces no es nuestro pecado, sino la creencia de que debemos ganarnos la sanidad antes de poder acercarnos a Él.
Una práctica
Cuando la vergüenza te diga que debes mantenerte lejos hasta que hayas cambiado, detente y pregúntate: «Si Jesús es el médico, ¿por qué estoy evitando acudir a Él?». Permanece un momento con esa pregunta y permite que te guíe de regreso a una conversación sincera con Dios.
- Alvin