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Por qué puedes pasar años aprendiendo y aun así sentir que no has cambiado

Por Alvin Ellefson

Algunas de las personas que tienen más hambre espiritual también cargan con las decepciones más profundas. No porque hayan ignorado la verdad, sino porque han pasado años rodeándose de ella. Cuanto más aprenden, más difícil les resulta explicar por qué siguen sintiéndose iguales.

La lucha más profunda no es la falta de acceso a la verdad, sino la dolorosa distancia entre estar expuesto a la verdad y ser transformado por ella. Sabes más de lo que sabías antes, pero aun así puedes preguntarte si algo realmente está echando raíces en tu vida. La brecha entre lo que entiendes y lo que experimentas puede resultar difícil de comprender.

Esta tensión es especialmente desalentadora porque el crecimiento parece algo que debería ocurrir de manera natural. Has escuchado, estudiado, reflexionado y acumulado enseñanzas que en algún momento parecieron importantes. Sin embargo, cuando los mismos temores, frustraciones, tentaciones o patrones continúan apareciendo, se vuelve más difícil entender por qué tanto conocimiento no ha producido el cambio que esperabas. Lo que comenzó como un deseo de crecer puede convertirse lentamente en una pregunta silenciosa: Si he escuchado tanta verdad, ¿por qué sigo luchando en los mismos lugares?

Parte del dolor proviene de una suposición que muchas personas tienen sin darse cuenta: creer que la exposición y la transformación son prácticamente lo mismo. A menudo esperamos que la verdad nos cambie simplemente porque nos hemos encontrado con ella. Cuando ese cambio no ocurre tan rápido como esperábamos, aparece la decepción. La preocupación ya no gira únicamente en torno al crecimiento espiritual, sino también en torno a si realmente está ocurriendo algo significativo bajo la superficie. Cuanto más larga parece la distancia entre ambos, más fácil resulta confundir un crecimiento lento con ausencia de crecimiento, y una formación gradual con fracaso.

Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en perseverancia.
Lucas 8:15 (RVR1909)

Jesús dirige la atención lejos de la semilla y hacia el corazón que la recibe. La buena tierra no se define por la cantidad de semilla que recibe, sino por su disposición a conservar lo que ha recibido y a permanecer paciente durante el proceso que sigue. El énfasis en la perseverancia revela que la fructificación suele ser el resultado de una apertura constante más que de un cambio inmediato.

Esto revela algo importante acerca de la manera en que Dios obra. Dios no mide la salud espiritual simplemente por la cantidad de verdad que una persona ha escuchado. Su interés está en lo que ocurre después de recibirla. La imagen de la buena tierra describe un corazón que sigue haciendo espacio para la verdad mucho después de que el momento de escuchar ha pasado. En lugar de exigir resultados instantáneos, Dios obra a través de un proceso en el que la verdad se asienta cada vez más profundamente, moldeando con el tiempo los deseos, las perspectivas, las decisiones y las respuestas.

También deja al descubierto un malentendido común acerca de la transformación. Muchas personas buscan el cambio principalmente en el nivel del entendimiento, suponiendo que comprender algo con claridad debería modificar inmediatamente quiénes son. Sin embargo, Jesús describe el crecimiento como algo mucho más orgánico que instantáneo. Una semilla no se convierte en fruto en el momento en que entra en la tierra. Antes de que aparezca algo visible, ya se está realizando una obra invisible bajo la superficie. De la misma manera, la verdad suele comenzar a transformar a una persona mucho antes de que sus efectos sean evidentes.

El llamado a la perseverancia reconoce que la verdadera fructificación normalmente se desarrolla a través de una receptividad continua. La transformación ocurre cuando se permite que la verdad permanezca el tiempo suficiente para ir más allá de la información y convertirse en formación. Lo que antes simplemente se entendía llega a ser confiado. Lo que antes era una idea se convierte en convicción. Lo que antes era algo que sabías gradualmente pasa a formar parte de quien eres. El enfoque no está en perseguir nuevas verdades, sino en permitir que la verdad recibida permanezca, profundice y realice su obra.

La diferencia entre saber y llegar a ser suele encontrarse en el trabajo paciente de permitir que la verdad permanezca el tiempo suficiente para echar raíces. La transformación duradera crece cuando la verdad es conservada, cultivada y se le da tiempo para convertirse en parte de quien eres.

Una de las razones por las que la distancia entre saber y llegar a ser resulta tan dolorosa es que el conocimiento aumenta la conciencia de cuánto camino queda por recorrer. Cuanto más claramente ves la verdad, más claramente percibes tus propias inconsistencias. Sin embargo, esa conciencia no debería interpretarse automáticamente como un fracaso. En muchos casos, una mayor conciencia es en sí misma evidencia de que la verdad está obrando.

Con frecuencia, la verdad expone aquello que antes pasaba desapercibido antes de transformar aquello que ha sido expuesto. Esto significa que una sensibilidad creciente hacia el miedo, el orgullo, la impaciencia o la confianza mal puesta puede formar parte del proceso, y no ser una prueba en su contra. La transformación comienza sacando la realidad a la luz. La obra que hoy te resulta incómoda puede estar preparando el terreno para una fructificación más profunda.

Es posible desanimarse precisamente por la conciencia que la verdad produce. Verse a uno mismo con mayor claridad puede sentirse como un retroceso cuando en realidad es una señal de crecimiento. ¿Ha habido momentos en los que una mayor claridad te hizo sentir que estabas fracasando simplemente porque reveló algo que ya estaba allí? A veces, la primera evidencia de transformación no es el cambio, sino el reconocimiento.

La distancia entre saber y llegar a ser puede parecer más larga de lo esperado. Sin embargo, la duración del proceso no determina la realidad de la obra que se está realizando. Con frecuencia, la verdad lleva a cabo su trabajo más profundo en lugares donde todavía no puede verse, avanzando silenciosamente desde la conciencia hacia la convicción y desde la convicción hacia el carácter. Lo que permanece contigo hoy puede estar logrando mucho más de lo que imaginas.

- Alvin Ellefson

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