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Por Alvin Ellefson
Hay etapas de la vida en las que parece que, más que avanzar, estamos detenidos en una encrucijada, intentando forzar una respuesta que no llega. Repasas una y otra vez las posibilidades, evalúas las consecuencias y buscas esa decisión que, por fin, te dé paz. Pero ¿y si la presión que sientes no proviene realmente de la decisión en sí?
La verdadera fuente de presión no es que el futuro sea incierto, sino creer que para tener paz primero necesitas despejar toda esa incertidumbre. Estás intentando obtener de la certeza lo que Dios quiere que recibas por medio de la confianza. Cuando una decisión es importante, es natural querer más información, mayores garantías o alguna señal inequívoca de que estás eligiendo bien. El problema es que la búsqueda de certeza muchas veces termina convirtiéndose en una búsqueda de seguridad emocional. Empiezas a pensar que, si tan solo pudieras saber más, anticipar más o controlar más, la ansiedad finalmente desaparecería.
Sin embargo, la incertidumbre suele dejar al descubierto una creencia más profunda: revela con qué facilidad vinculamos nuestra paz con nuestra capacidad de entender lo que vendrá después. En lugar de preguntarnos cómo vivir con fidelidad hoy, nos obsesionamos con resolver el mañana. Repasamos conversaciones, imaginamos distintos desenlaces y analizamos posibilidades, esperando que una vuelta más al mismo asunto nos dé la seguridad que nos falta. Pero cuanto más hacemos descansar el futuro sobre nuestra propia capacidad de comprenderlo, más pesado se vuelve.
En realidad, lo que está en juego no es solo una decisión, sino el fundamento sobre el que descansa tu seguridad. Si tu paz depende de tener certezas, cada pregunta sin respuesta se convierte en una amenaza. Cada incógnita parece algo que debes resolver antes de poder descansar. Pero si la paz puede existir aun antes de que el futuro se aclare, la incertidumbre pierde gran parte de su poder sobre ti.
Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.Proverbios 3:5-6 (RVR1909)
Proverbios contrapone confiar en Dios con apoyarnos en nuestro propio entendimiento porque ambos caminos parten de fundamentos distintos y conducen en direcciones diferentes. La confianza comienza al reconocer que la sabiduría de Dios va mucho más allá de lo que hoy alcanzamos a ver. Su guía no está limitada por la información que tenemos, por las circunstancias que nos rodean ni por los temores que estrechan nuestra perspectiva. La invitación no es a dejar de pensar con cuidado ni a ignorar la sabiduría. Es a dejar de tratar nuestro propio entendimiento como la fuente definitiva de seguridad.
Nuestra tendencia natural es pensar que la seguridad llega cuando tenemos suficientes respuestas. Creemos que, si pudiéramos ver un poco más adelante en el camino, finalmente podríamos descansar. Sin embargo, las Escrituras nos muestran una realidad diferente. La necesidad de tenerlo todo claro puede convertirse en otra forma de depender de nosotros mismos, porque dejamos nuestra paz en suspenso hasta que nuestra mente se sienta completamente satisfecha. La confianza plantea una pregunta distinta. En lugar de exigir certeza sobre el futuro, nos lleva a preguntarnos si Dios es lo suficientemente digno de confianza como para seguirlo aun cuando algunas preguntas sigan sin respuesta.
Esto nos ayuda a comprender la promesa de que Dios enderezará nuestras sendas. El versículo no afirma que cada giro del camino será explicado de antemano ni que cada etapa será evidente. Más bien, desplaza nuestra atención: ya no se trata de dominar el camino, sino de seguir a quien nos guía. El futuro puede seguir teniendo aspectos que no comprendemos, pero ya no llevas sobre tus hombros la carga de recorrerlo por tu cuenta. La claridad adquiere entonces un significado diferente. No consiste en ver todo el camino antes de dar el primer paso, sino en saber quién te guía mientras avanzas.
El camino se vuelve más ligero cuando la confianza reemplaza la carga de necesitar certezas. La paz no crece al poder ver todo el futuro, sino al seguir con confianza a Aquel que ya lo ve por completo.
Gran parte de la tensión que acompaña a las decisiones importantes nace de creer que elegir correctamente nos garantizará el futuro correcto. Esa idea deposita una enorme presión sobre nuestra propia capacidad de entender y deja muy poco espacio para confiar. Cada alternativa empieza a sentirse cargada con la responsabilidad de asegurar nuestra felicidad, nuestra seguridad o nuestro éxito.
Sin embargo, las Escrituras apartan nuestra atención de la necesidad de garantizar resultados y la dirigen hacia la sabiduría de Dios. El objetivo no es eliminar cada duda antes de avanzar. Es reconocer que la paz no depende de tener un conocimiento completo. A medida que tu seguridad deja de descansar en la certeza y comienza a descansar en la confianza, el futuro deja de sentirse como una carga que tienes que controlar y empieza a parecerse más a un camino por el que estás siendo guiado. Lo desconocido sigue ahí, pero ya no tiene el mismo poder para generar temor. El camino se vuelve más ligero porque dejas de exigirle a la certeza que sostenga aquello que solo la confianza puede sostener.
Piensa en cuántas veces tu tranquilidad aumenta o disminuye según cuánto crees saber. Sin darnos cuenta, muchos terminamos colocando la certeza en el lugar que le corresponde a la confianza. Como resultado, hacemos que el futuro cargue con un peso que nunca estuvo destinado a soportar: la responsabilidad de darnos seguridad.
Reconocer este patrón puede ayudarte a descubrir una fuente de ansiedad más profunda de lo que se percibe a simple vista. Puede mostrarte que la lucha no se debe únicamente a las preguntas que siguen sin respuesta, sino también al lugar donde estás buscando paz. Y puede revelarte otro fundamento: uno que permanece firme aun cuando el futuro no esté claro.
La paz no se encuentra al final del camino hacia la certeza. Se hace posible desde el momento en que la certeza deja de ser su fuente. Puede que el futuro todavía contenga preguntas sin respuesta, pero esas preguntas ya no determinan si puedes descansar o no. La confianza abre espacio para la paz mucho antes de que puedas ver el camino completo, porque la paz no se encuentra en saber todo lo que vendrá, sino en conocer a Aquel que tiene en sus manos el camino que tienes por delante.
- Alvin Ellefson
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